La jardinería sostenible es una práctica esencial que promueve la salud del medio ambiente y la biodiversidad. Al adoptar técnicas como el compostaje y la rotación de cultivos, los jardineros pueden optimizar el uso de recursos y reducir su impacto ambiental. Implementar estas prácticas no solo beneficia al ecosistema, sino que también puede resultar en ahorros a largo plazo y en un jardín más vibrante y saludable.